Resumen – La contabilidad del carbono en forma de biomasa ya no cumple su función

Una peculiaridad de la metodología de contabilidad y reportaje del carbono de la CMNUCC (Convención Marco de las Naciones Unidas para Cambio Climático) y el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) está dando lugar a una atribución injusta de las fuentes de emisiones en lo que se perfila como un ejemplo involuntario pero preocupante de colonialismo climático. Esto ocurre especialmente en relación con la generación de energía a partir de biomasa a gran escala. Ha llegado el punto en el que se debe hacer una corrección.

Descargar el resumen: SP EPN_2023_biomass accounting not fit for purpose.pdf  

 

Quemar madera para obtener energía produce al menos tanto CO2 como quemar carbón por unidad de energía producida, y normalmente más. Resulta inquietante que las emisiones de la generación de energía en forma de biomasa no sean actualmente responsabilidad de quienes generan y consumen la energía de biomasa, sino del cultivador de la biomasa, a diferencia de las fuentes de energía de combustibles fósiles, cuyas emisiones se registran en el sector energético del país que las utiliza. Tratar la biomasa de forma diferente ha creado una falsa impresión de cero emisiones para la energía de la biomasa en comparación con las emisiones de la quema de combustibles fósiles, por eso su uso ha ido en aumento.

Cada vez más, la biomasa forestal es objeto de comercio internacional para la generación de energía, lo que significa que la responsabilidad de las emisiones recae en el país que suministró la madera y no en el que la quemó y utilizó la energía que creó. Ese país reclama la reducción de emisiones.

A medida que crece el uso y el comercio de biomasa forestal, la madera necesaria procederá cada vez más de países en desarrollo. 

El error de no tomar en cuenta las emisiones derivadas de la combustión de biomasa en el sector energético están produciendo los siguientes resultados:

  • La dramática expansión de la industria energética de la biomasa, con los pellets de madera como principal materia prima. Tras haberse duplicado ya hasta 14 millones de toneladas en la década anterior, la oferta y la demanda mundial de biomasa superarán un aumento del 250% en 2027, hasta superar ampliamente las 36 millones de toneladas.
  • Perjuicio para la transición energética limpia. La biomasa domina la producción de energía “renovable”, eclipsando a la eólica y la solar y quebrantando sus perspectivas al absorber subsidios e incentivos que deberían aplicarse a tecnologías realmente bajas en emisiones.
  • Inequidad e injusticia globales. Como ya se ha señalado, cuando la biomasa se comercia de un país a otro, la responsabilidad de las emisiones se externaliza del consumidor de biomasa al productor de biomasa. Esta tendencia se acentuará a medida que la biomasa proceda cada vez más de fuera de los grandes bloques consumidores de energía de biomasa de Europa, el Reino Unido, Corea del Sur y Japón, y que el Sur Global se vea arrastrado a la cadena de suministro. En esta situación, los países del Sur asumirán la responsabilidad de las emisiones de la biomasa quemada en el Norte, que a su vez podrá reclamar reducciones de emisiones.

 

¿Cómo ocurrió esto?

Cuando se elaboraron las directrices sobre la estimación y notificación de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero (GEI) en la década de 1990, la energía de la biomasa se utilizaba sobre todo en estufas y chimeneas de leña residenciales, o como flujo de residuos del procesamiento de la madera. Tendía a producirse localmente y con un comercio internacional limitado. En la mayoría de los países industrializados, las emisiones totales asociadas a la biomasa eran insignificantes.

Según las directrices, para evitar el doble cómputo de las emisiones en los sectores de Uso de la Tierra, Cambio de Uso de la Tierra y Silvicultura (UTCUTS) y en el sector de Energía de un país, las emisiones de CO2 procedentes de la combustión de biomasa no se contabilizan en absoluto en el sector de la Energía.

En su lugar, las emisiones totales de biomasa se contabilizan implícitamente mediante el seguimiento de los cambios anuales en las reservas de carbono del sector del uso de la tierra. El crecimiento de los bosques contribuye a la reserva de carbono forestal, mientras que la tala para obtener productos madereros o la conversión de tierras disminuyen la reserva de carbono forestal. Se supone que las emisiones de biomasa se producen en el país y el año de la cosecha.

Esto tenía sentido cuando el uso de la biomasa era pequeño y local, pero la producción y el consumo de biomasa de leña densificada en todo el mundo se ha disparado en los últimos 10-15 años, motivado por el interés en abandonar los combustibles fósiles. Muchos países tratan la energía de la biomasa como una fuente de carbono cero o neutra, en parte debido a una impresión errónea creada por la metodología de contabilidad y presentación de informes.

Cuando la biomasa es objeto de comercio transfronterizo, el país importador no declara las emisiones de los combustibles de biomasa (u otros productos de madera recolectada) en ningún sitio. En consecuencia, se penaliza al “país equivocado” por el aumento del uso de la bioenergía, es decir, al país que la produce y no al que la consume. Ningún otro combustible recibe este trato.

En una publicación reciente, tres antiguos autores de las Directrices del IPCC y veteranos revisores de informes de inventarios nacionales explican cómo se llegó a esta situación, las ideas erróneas creadas por las prácticas contables y una solución sencilla para resolver el problema. Identifican dos problemas principales:

  • Atribución incorrecta de las emisiones de CO2 en los Inventarios Nacionales de GEI cuando se comercializa la biomasa, y
  • Incongruencia entre los métodos de notificación de GEI entre la biomasa y el resto de los combustibles.

Todo ello puede llevar a suposiciones problemáticas de “neutralidad de carbono”, e incluso dar la impresión de que la biomasa no tiene emisiones en absoluto. Añadimos un tercer problema emergente:

  • El colonialismo climático se produce cuando los países desarrollados que importan y queman biomasa para obtener energía eluden la responsabilidad de las emisiones, y los países en desarrollo pasan a formar parte cada vez más de la cadena de suministro y asumen la responsabilidad de las emisiones por una energía que nunca crearon ni utilizaron.

 

Como remediarlo

Los expertos autores presentan una propuesta que creen que se habría adoptado si las Directrices originales del IPCC para los inventarios nacionales de GEI se hubieran redactado hoy.

Ofrecen una solución directa: tratar la biomasa como se tratan otros combustibles. Afirman que “no existe ninguna razón técnica o de disponibilidad de datos que impida informar sobre las emisiones de CO2 procedentes de la combustión de biomasa para producir energía de forma similar a como se hace con el resto de combustibles” (p186). Esbozan tres pasos para hacerlo, de modo que el sector de la energía refleje mejor el impacto neto del uso de la biomasa en las emisiones de GEI y el sector UTCUTS refleje con exactitud la situación. Este es un excelente punto de partida para considerar cómo pueden evolucionar las directrices.

Las directrices actuales sobre la biomasa para uso energético ya no se ajustan a su finalidad. Los inventarios nacionales pretenden hacer un seguimiento de las emisiones nacionales, y las cuentas nacionales muestran el progreso (o no) respecto a los objetivos nacionales de reducción de emisiones. Ahora que algunas entidades utilizan biomasa importada para energía como parte importante de sus estrategias de descarbonización, la estimación implícita de las emisiones en el sector UTCUTS de los países productores crea confusión, oscurece los impactos reales del combustible y, en algunas circunstancias, permite un insidioso elemento de colonialismo climático.

 

Ejemplo teórico – Comparación de la contabilidad del carbono para la energía de la biomasa y los combustibles fósiles

Exportación y uso de biomasa forestal: Si Ghana exporta madera al Reino Unido y el Reino Unido quema la madera para biomasa, es Ghana quien contabiliza el carbono en su cuenta de carbono, y no el Reino Unido.  Esto hace que parezca que Ghana está liberando más carbono mientras que el Reino Unido está reduciendo su huella de carbono, pero en realidad es el Reino Unido el que quemó la madera para liberar el carbono. 

Importación y uso de combustibles fósiles: Si Ghana importa petróleo crudo de Rusia y lo quema, Rusia no lo contabilizará en su sistema de contabilidad del carbono, pero Ghana sí.

 

Contacto:  Peg Putt, Cordinadora – Biomass Action Network peg.putt@gmail.com

 

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